¿Qué hace espectacular a una película? ¿Es la percepción de cada observador en el público? ¿O es parte de una campaña de publicidad para la cinta, que incluye citas de publicaciones cinematográficas utilizando «grandes palabras»? Algunas cintas se definen con alguna característica espectacular (como Cleopatra siendo la película más cara y ambiciosa de Hollywood en su momento), o como un engranaje más en una especie de leyenda (antes de ser película, El Renacido se planteó como la aparente mezcla de la realización cinematográfica llevada a condiciones extremas, la cúspide profesional de Emmanuel Lubezki, y la actuación más impresionante de Leonardo DiCaprio, una por la que si debería llevarse la estatua, según gente que haya visto la película, y gente que no.

Set, Bek y Horus, protagonistas de Dioses de Egipto
Set, Bek y Horus, protagonistas de Dioses de Egipto

En lugar de todo eso, Dioses de Egipto se tiene a sí misma, así que de esa forma se vende: la imagen más «popular» en su cartel es la de Gerard Butler como Set, el Dios del desierto, y la película de Alex Proyas (cuya previa dirección del clásico El Cuervo sorprende y entristece después de ver esta película) ofrece su propia definición de espectáculo al desaparecer los logotipos de las empresas que la financian. He aquí Dioses de Egipto, con un fuego escandaloso alrededor de su título, música que detona ambición, y una primera señal de rareza: el fuego, aunque aparezca por algunos segundos, podría pertenecer a cualquier juego de Playstation 2. En 2016.

Los efectos especiales en Dioses de Egipto son extraños, y esa rareza crece junto al desarrollo de la trama
Los efectos especiales en Dioses de Egipto son extraños, y esa rareza crece junto al desarrollo de la trama

La primera toma después de eso, un sobrevuelo por Ríos, Pirámides y Junglas hasta acercarse al protagonista en cuestión tiene la misma calidad gráfica. Pero finalmente, las películas pueden contar una buena historia, independientemente del presupuesto que tenga su producción. Este no es el caso con Dioses de Egipto, aunque la oportunidad era factible y cercana. La historia comienza con Bek (Brenton Thwaites), un ladrón que se escapa de los vendedores enfurecidos en un mercado tras robar un vestido para su novia Zaya (Courtney Eaton). El día no es cualquiera: en pocas horas, todo el pueblo egipcio presenciará la coronación de Horus (Nikolaj Coster-Waldau), hijo de Osiris (Bryan Brown), actual y venerado rey. Bek no es partidario de la clase real, ni se impresiona por sus poderes como Dioses. Pero su amor por Zaya es más poderoso que cualquier cosa en el mundo, y accede a acompañarla.

Bek y Zaya, 5 minutos antes de que Dioses de Egipto se derrumbe cual esfinge
Bek y Zaya, 5 minutos antes de que Dioses de Egipto se derrumbe cual esfinge

Mientras tanto, Horus se presenta como un holgazán, únicamente interesado en Hathor (Elodie Yung), seductora Diosa del amor. Aun así, está dispuesto a levantarse y realizar el trámite. La gente está feliz, su padre orgulloso, y justo antes de hacer oficial la transición, un sonido intenso detiene a todo el pueblo. Poco después, llega Set (el ya mencionado Butler) con un notable ejército que convenientemente apunta sus armas hacia el pueblo dudoso. La familia real lo considera oportuno: es cierto que Osiris y su hermano han tenido conflictos en el pasado, pero seguramente está aquí para honrar la transición familiar, y todos deberían estar felices por ello. Para cualquiera que haya leído Shakespeare o visto suficientes telenovelas, Dioses de Egipto ofrece una respuesta distinta. Más pronto que tarde, los cuchillos salen, el rey está muerto, el rey prometido recibe una golpiza de su tío malvado, que procede a arrancarle los ojos (que, convenientemente para el resto de la trama, sostienen los poderes de Horus) y se transforma en un dictador. Zaya se convierte en esclava de un hombre más poderoso, Bek se aleja de ella, y todo es terrible, hasta que un héroe cambie la situación.

Nikolaj Coster-Waldau como Horus
Nikolaj Coster-Waldau como Horus

La trama es bastante estándar, y probablemente eso no sería incómodo si la cinta no señalara un detalle más durante la secuencia anteriormente descrita. Lo camp 1 tiene una definición, pero también se siente. Es posible descubrir que algo no va bien cuando los personajes declaman en vez de actuar, cuando las grandes escenas de amor entre Bek y Zaya recaen más en los violines de la orquesta que en ellos mismos, cuando Butler parece Leonidas en un día de flojera, o Rush (que interpreta a Ra, maestro de toda la creación y padre de Osiris y Set) se asemeja a una burla del actor de Shakespeare: su exageración vocal y corporal quedaría muy bien en el siguiente vídeo, pero no en Dioses de Egipto. Y encima de todo esto, los efectos visuales recuerdan su similitud al legendario pero antiguo Playstation 2.

A menos que Proyas hubiera decidido hacer una burla del camp, una burla de la glorificación y la épica. A Deadpool le va bien con eso desde que salió, y Thor presentó un juego similar hace algunos años. ¿Por qué no hacerlo con Egipto? Independiente de la razón, Proyas no toma aquel camino, y es entonces cuando la poca astucia de su cinta se vuelve especulativa, y los problemas comienzan. La sucesión de eventos es predecible: Bek se unirá al despojado Horus para rescatar a Zaya, vencer a Set y traer de vuelta la paz a Egipto. Pero las elecciones narrativas para llegar a esos momentos son, de nuevo, incómodas. Después de conseguir el mapa que le va a solucionar casi todo por el resto de la cinta, Bek llega a su primera tarea: recuperar un ojo de Horus. El camino hacia aquel objeto está plagado de obstáculos como trampas afiladas y estatuas que luchan entre sí. ¿Cómo vencerá Bek aquel desafío? Convirtiéndose, oportunamente, en un atleta nato que esquiva cada cosa frente a él. Mientras el Cirque du Soleil no esté contratando, Bek puede presumir sus habilidades en pantalla. Justo en la escena siguiente llega a la guarida de Horus (que convenientemente no está vigilada por nadie) y hace un pacto con él: colaborar en el derrocamiento de su tío a cambio de rescatar a Zaya. El héroe desterrado acepta, aunque sea después de casi estrangularlo y arrojarlo contra una pared, de la cual Bek se levanta sin ningún problema, porque puede.

Cual padre conservador, testaturado y criado en la teoría de Campbell, Ra (Geoffrey Rush) no lamenta mucho la muerte de su hijo Osiris (aún cuando lo mató su hermano) y sólo puede dejar que Set y Horus luchen hasta que "cada uno encuentre su camino" También, él tiene que luchar con muchas gráficas malvadas, de Playstation 2
Cual padre conservador, testaturado y criado en la teoría de Campbell, Ra (Geoffrey Rush) no lamenta mucho la muerte de su hijo Osiris (aún cuando lo mató su hermano) y sólo puede dejar que Set y Horus luchen hasta que «cada uno encuentre su camino» También, él tiene que luchar con muchas gráficas malvadas, de Playstation 2

Dioses de Egipto tiene el mismo orden estructural que un juego de Zelda: los héroes van de gran escenario A a gran escenario B sin ninguna preocupación por el transporte, se enfrentan a los enemigos en turno sin ningún problema, y se encuentran con personajes secundarios que aceptan unirse a la campaña después de muy poca negociación. La diferencia fundamental entre la obra de Miyamoto y esto es que una enfatiza la exploración y genera una sensación de logro para el jugador, porque él o ella está controlando los eventos, mientras que la otra es pasiva: sólo se puede ver. Y lo que se ve en Dioses de Egipto es a un estilo como reliquia. Quizás en la época del primer King Kong, estrenada en 1933, las acciones como espectáculo eran suficiente, incluso, lo único necesario. Y las acciones todavía existen, pero ahora, en relación a sus personajes. Aquella premisa conecta bastante bien con Horas Contadas, también disponible en cartelera, pero al ser sólo acción, Dioses de Egipto podría recordarle a su público que la acción no es suficiente. Guste o no, la última década en cine de superhéroes ha luchado por afirmar esta idea: es porque Mary Jane quiere a Peter Parker, que todos estamos interesados en saber si la va a salvar al final de la película, estrenada en 2002. Y ahí mismo, se demuestra que el Duende Verde (un excelente Willem Dafoe) es así por una tragedia, no por ser «malo y ya», propuesta que explica a Set con bastante facilidad. Es porque las acciones son consecuencia de su personaje, que la trilogía de Batman es tan popular y relevante. ¿Y cuál ejemplo es más claro que la reacción de miles ante la boda roja en Juego de Tronos?

Es probable que Proyas no haya querido hacer esta tesis con Dioses de Egipto, y sólo queda desear que las lecciones de esta obra se adapten a la siguiente. La colabora en algún aspecto a la historia del cine: siendo terriblemente incómoda, señala la existencia de un cambio, una tendencia hacia la curiosidad dramática que, con suerte, se ha expandido en otras propuestas.

O eso se cree, hasta llegar a Horas Contadas.

Manuel Cruz

@cruzderivas

  1. Gusto por lo superfluo, exagerado y extravagante de formas artísticas y literarias pasadas de moda. ↩︎
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