La fortuna en el arte cinematográfico es absurda e inexplicable. Hay que recordar La puerta del cielo de Cimino, un western de tres horas y media que en los ochenta causó la bancarrota de la United Artist —que gastó 44 millones de dólares en producirla y que en taquillas sólo obtuvo 3 millones— y por el cual Cimino ganó la Razzie Awards en 1981. Hoy en día, es considerada una obra de arte. ¿Qué hizo cambiar tan radicalmente la percepción sobre esta película considerada maldita en los ochenta?

La puerta del cielo: la película maldita de los ochenta
La puerta del cielo: la película maldita de los ochenta

Si bien hay ciertos aspectos técnicos y objetivos por los cuales se puede valorar una película, existen otros factores que influyen en su percepción. Hace unas semanas Batman v Superman fue apaleada por la crítica, por razones a leguas visibles, como la mala edición, un guion construido con base en el fan service, y las escenas de acción filmadas con ángulos muy cerrados y tonalidades oscurísimas que no permitían apreciar con mucha claridad qué sucedía. Hay un sector reacio y salvaje que a pesar de estas razones defienden el filme de Snyder, por considerarla un filme que plantea grandes razonamientos sobre el ser humano y la vida, como si aumentara su IQ unos puntos quien admirara la agilidad mental de Superman y la angustia existencial del hombre murciélago.

Batman v Superman: apaleada por la crítica
Batman v Superman: apaleada por la crítica

Quizá sea la defensa fervorosa y obtusa de lo que amamos lo que salva las creaciones del olvido. Con este espíritu contagiado de los que aún esperan que la versión extendida de Batman v Superman traiga al mundo las nuevas Puertas del cielo, empezaré a escribir de películas que no han sido tan aclamadas por la crítica y la audiencia para defenderlas, y viceversa, de aquellos filmes cuya recepción ha sido positiva, al grado de sobreestimarlas, para dar argumentos y así apreciarlas desde otra perspectiva. Ya que aludí a Zack Snyder, aprovecharé la ocasión para hablar de The Watchmen (2009), esa película que algunos entusiastas críticos valoran como la mejor película de superhéroes. ¿Es justa y merecida esa fama?

El caso

Basada en la novela gráfica de Alan Moore y Dave Gibbons, Los Vigilantes se ubica en un 1985 alterno, en que los superhéroes están retirados, a causa de un acta que les prohíbe serlo. Pocos están activos fuera de la ley, como Rorschach, o como mercenarios del gobierno de los Estados Unidos, en el caso de El Comediante, cuyo asesinato desata el conflicto de la historia, en un mundo a punto de una guerra nuclear.

César Albarrán de Cine Premiere, en su momento, la calificó con cuatro estrellas y media de cinco; escribe al respecto:

La versión de Zack Snyder es casi quirúrgica, además de un despliegue de increíbles efectos especiales y un más que aplaudible diseño de producción.

Peter Travers de Rolling Stones la valoró con dos estrellas y media de cuatro y resalta las actuaciones de Jackie Earle Haley, como Rorschach, y la de Billy Cudrup, como el Dr. Manhatan; menciona:

Tienes que retomar el cómic original para aprender que los monstruos de The Watchmen no sólo son para geeks lo cual no es tan malo.

Las pruebas

Si bien las películas de Zack Snyder dividen opiniones, incluso en sus defensores encontramos apuntes de las debilidades en su narrativa. César Albarrán habla acerca de las secuencias “alejadas las unas de las otras, dispersas, como polaroids en un cajón desordenado –eso sí, polaroids hermosas–“.

The Watchmen: "Polaroids en un cajón desordenado –eso sí, polaroids hermosas–“
The Watchmen: «Polaroids en un cajón desordenado –eso sí, polaroids hermosas–»

 

Snyder nunca se despojó de ese pulso de director de comerciales, en los cuales la contundencia es esencial; por eso Los Vigilantes no posee el ritmo de una película de más de 120 minutos; parece más una retahíla de secuencias zurcidas toscamente, y que, gracias a la obra original, tienen coherencia y sentido. Su más grande acierto artístico es escoger una obra que con sus exageraciones y densidad filosófica funciona como relojería suiza.

De otra manera, la mayoría de los aciertos del guion no son de Snyder, sino de Alan Moore, así como en 300, la batalla de las Termópilas es épica por el argumento de Frank Miller. El sello del director quizá sólo lo hallemos en las tonalidades naranjas y azules que usa para filmar, colores muy usados en películas sobre el Apocalipsis, que él sólo satura más, muy parecido a un discurso de varias páginas con un lenguaje lleno de adjetivos y de palabras rimbombantes, que lo enmascaran de solemnidad, y que, en sustancia, es de la misma consistencia que el diario de un adolescente malhumorado e incomprendido.

Esa falta de ritmo y las tonalidades preciosistas en la fotografía inciden en que las secuencias de un carácter más poético, como la historia de cómo surge el Dr. Manhatan, no embonen con las escenas de las peleas hiperviolentas. Como una trama que ajusta orgánicamente todas sus partes, la película falla irremediablemente.

Testigos a favor de la película: una horda de fanáticos reacios y salvajes

En Rotten Tomatoes, la calificación que tiene la película según los críticos es de un razonable 65 %, la cual contrasta con el 94 % de los usuarios. Alguien de sobrenombre Solid comenta que

“las películas de Snyder son más apreciadas a medida que pasan los años. Watchmen [es] una de la[s] mejores películas basadas en cómics jamás hecha”.

The Watchmen: un discurso rimbombante con la misma consistencia del diario de un adolescente malhumorado.
The Watchmen: un discurso rimbombante con la misma consistencia del diario de un adolescente malhumorado

La lucha declarada de esa horda de fanáticos reacios y salvajes contra la crítica especializada empezó muchos años atrás antes de Batman v Superman. Sin embargo, está disputa se podría resolver con contestar una pregunta: ¿es una buena película Los Vigilantes? Según una serie de argumentos con los cuales se aprecia toda obra, la respuesta es que no; se constituye por aspectos destacables (la actuación de Earle Haley, la selección de canciones), que al final arman un rompecabezas con la mayoría de sus piezas embonadas a fuerza de martillo. Es respetable la apuesta estética que hace cada quien cuando se entra a la sala del cine; sin embargo, si se busca en una película de superhéroes la última palabra de Nietzsche, hay que conseguirse una brújula: el cine es arte, no un ensayo filosófico.

Usted, cinéfilo y lector, tendrá siempre el veredicto final.

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