A diferencia de otros medios, el cine ha estado muy ligado al lugar en donde se presentaba, que son las salas cinematográficas. De hecho, sería muy difícil entender la evolución técnica – e incluso parte de la artística – sin comprender como es que estos locales surgieron y se desarrollaron. Por ello, dedicaremos una pequeña serie de artículos a conocer los avances más significativos de los mismos, y el impacto que tuvieron dentro de la cinematografía.

Uno de los antecedentes de este espectáculo fue la llamada linterna mágica, que no era más que un primitivo proyector de diapositivas, las cuales eran pintadas a mano sobre vidrio, y que se proyectaban sobre paredes o pantallas de seda por medio de una potente luz. Estos aparatos existían desde el siglo XVII, pero por su costo, y por la facilidad con la que podían causar pánico entre las clases populares, durante casi un siglo, su representación se limitaba a los palacios de reyes y nobles, o en las casa de personas adineradas. Usualmente, el proteccionista era contratado para montar su equipo en la sala de alguna de estas construcciones, donde el anfitrión invitaba a varios de sus amigos a presenciar el “milagro científico”.

Para el siglo XIX, con la invención de formas más compactas para producir luz, y la invención de la fotografía, los equipos se hicieron más ligeros y fáciles de llevar, por lo que fue en ese momento cuando se comenzó a explotar sus posibilidades como espectáculo. Uno de los primeros de estos intentos data de 1798, llamado Phantasmagoria. Creado por Paul Phylidor, consistía en proyectar imágenes fantasmales sobre paredes o incluso humo, dando la impresión de que se trataba de espíritus reales. Este tipo de espectáculos se volvió muy popular en Francia, donde se presentaba en bodegas o cuartos especialmente acondicionados para ello.

Para principios del siglo XIX, las linternas mágicas se volvieron usuales en los circos, en donde generalmente se proyectaban en pequeñas carpas alrededor del espectáculo principal. Es también en esos mismos años en que se presentaron los primeros cortos animados, que no eran más que las figuras realizando un solo movimiento simple por medio de un cambio rápido de las diapositivas.

Es a principios del siglo XIX que el cinematógrafo como tal comienza a desarrollarse, y crearía la necesidad de centros de espectáculos más complejos, pero ese será el tema de una próxima entrada.

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