En estos días de la pasada SDCC, pudimos ver como una gran cantidad de fans estaban pendientes del lanzamiento de los esperados trailers de las cintas más esperadas, e incluso de otras aún desconocidas. En esta época, vemos como las productoras anuncian las fechas de lanzamientos de sus adelantos como si fueran estrenos, y la gente está literalmente hambrienta de cada uno de ellos ¿Qué es lo que provoca esta fiebre?

Hace todavía algunos años, los trailers – o cortos como se les llamaba – presentaban los avances de las cintas que se estrenarían la semana siguiente, y no era algo que atrajera gran interés, excepto para planear la próxima visita. Sin embargo, con la aparición la TV, se volvió una práctica más común, y se lanzaban con más anticipación: Desde un mes antes, todos los noticieros de espectáculos comenzaban a presentar avances desde un mes antes, y se ofrecían críticas que, poco a poco, generaban el interés del expectador potencial.

Tiempo después, con la llegada del Internet, y antes incluso de las redes sociales, los trailers estaban más cerca de los posibles espectadores. Las distribuidoras creaban páginas web con los avances, algunos materiales promocionales como fondos de pantalla y protectores. Y obviamente, el trailer era la presencia infaltable.

Pero fueron las redes sociales las que cambiarían todo: Los mismos podían no sólo conocerse de inmediato, sino compartirse y comentarse de inmediato. Ahora no sólo podía uno enterarse, sino dar una opinión, en uno u otro sentido.

En cierto modo, el trailer actualmente viene a cubrir parte de nuestro instinto de manada. El tener un tema en común para conversar, y sobre todo, para demostrar tus conocimientos, es un impulso importante para sentirte parte de un grupo, lo que soporta tu sensación de auto-valorización. Del mismo modo, el demostrar una cierta opinión, y el que los demás la reconozcan y la apoyen – o la ataquen – viene a crear una pequeña micro-jerarquía, en donde puede uno poner en juego sus habilidades sociales.

Curiosamente, este fenómeno se extiende incluso a aquellos que no les gusta la cinta. En cierta forma, la rebeldía, y el ir contra el establishment,  cumple también una función emocional. Estas personas se incluyen en grupos que, por una u otra razón, se establecen como superiores a la media, ya sea porque conozcan mejor el tema en el que la película se basa, o porque son lo suficientemente maduros para no gustarles la cinta en cuestión. De esa forma, se sitúan en un grupo de élite, pero al final, es pertenecer a un grupo.

Lo cierto es que, cualquiera de los mismos hace el mejor trabajo para las distribuidoras: generar interés, y tener la cinta en boca de todos desde meses antes, lo que garantiza más entradas que la mejor campaña publicitaria.

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