Secretos de una obsesión, o los ojos de Julia Roberts

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El remake podría ser una actualización, una mudanza de estándares, o ambas. En el caso de Secretos de una Obsesión, no termina de ser exactamente una o la otra, pero si una de esas extrañas cintas que vale la pena ver por un sólo elemento.

De entrada, la obra de Billy Ray presenta una notable innovación narrativa, pero esto no se debe a él, sino a la pieza original en la que está basada (y casi copiada): El Secreto de sus Ojos, cinta de Juan José Campanella ganadora del Óscar a mejor película extranjera en 2010, no es un thriller ni un drama, sino, más bien, una astuta combinación de ambos, decisión que, vista más de cerca, hace sentido. Finalmente, al cometer un crimen, hay víctimas, y de las víctimas puede haber sufrimiento.

Es en este factor donde Ray cambia más las cosas, pero antes conviene introducir al resto del elenco: Chiwetel Ejioforreemplaza a Ricardo Darín interpretando a un detective llamado Ray, y Nicole Kidman sustituye a Soledad Villamil con Claire, asistente del fiscal y automático interés romántico de Ray, pese al incómodo obstáculo de su matrimonio. La argentina Peronista es ahora los Estados Unidos post-9/11, donde la lucha contra las amenazas terroristas ocurre en las oficinas de la CTU, espacio profesional de los protagonistas (y, para los interesados, base de operaciones de Jack Bauer y el elenco de 24, en un universo paralelo)

La gran variable se presenta en Jess (Julia Roberts), colega sarcástica de Ray, cuya vida se destruye en cuestión de segundos. Cuando el grupo inspecciona un cadáver cerca de una mezquita que han estado vigilando durante meses, Ray hace un brutal descubrimiento: la víctima es Carolyn, la hija de Jess. Y en ese punto, Secretos de una Obsesión reluce su única novedad: La extraordinaria actuación de Julia Roberts.

La actuación de Julia Roberts es sin duda lo más notable de la cinta
La actuación de Julia Roberts es sin duda lo más notable de la cinta

El resto de la trama adapta las claves narrativas de la cinta argentina adecuadamente: el sospechoso más grande del asesinato resulta ser un vital informante del CTU en una operación terrorista, y la historia se convierte en la frustración de los tres héroes por llevar a la “justicia” al criminal. Billy Ray evita el extraordinario plano-secuencia de Campanella en la versión original, donde los detectives persiguen y capturan a su víctima, y abrevia la también extraordinaria secuencia de interrogación. A pesar de tener una duración similar, Secretos de una obsesióncarece del ritmo y profundización de personajes que define a la original, reemplazándolos con firmes argumentos ético-morales y algunas secuencias de acción.

Ello es también una lección sobre diferencias de estilo, y la indiferencia de la cinta de cara a su versión original, además de su apresurado desarrollo como película unitaria, caería aún más hacia el vacío, si no fuera por Jess y Roberts. Mientras que Ejiofor y Kidman juegan a engañar a las injusticias de su profesión, Roberts interpreta a una madre que ha perdido su alma. Ciertamente está interesada en atrapar al asesino y se une a los planes de sus colegas, pero – irónicamente – sus ojos dicen algo más, saltando entre pasado y presente. La presencia de Roberts despoja a la cinta de sus fallas y aburrimientos, y se convierte en un espectáculo desolador.

Secretos de una obsesión termina en una posición curiosa: es inferior a la cinta en la que se inspira, pero, al mismo tiempo, tiene una sola cosa que la hace notable, y amerita por lo menos una función. Y francamente, con la temporada de Óscares acercándose, una nominación para Roberts en su papel. La película acabará en el olvido, pero ella no. No se lo merece, por ningún motivo.

Manuel Cruz

@cruzderivas

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