Veneno para las hadas: Ilusión sempervirente.

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Veneno para las hadas, cinta dirigida por el maestro del terror mexicano Carlos Enrique Taboada, una obra que ha quedado en la mente de todo aquel que ha tenido oportunidad de verla, una película donde Taboada aborda los peligros de la imaginación infantil y como una idea, puede tornarse en una macabra historia.

Protagonizada por una pequeña Ana Patricia Rojo, la cinta llega a proyectarse en el año de en 1984, desafiando la manera de hacer cine en esos gloriosos años, donde era común ver películas musicales, románticas y específicamente en México, el conocido cine de "ficheras". Taboada llegaba a revolucionar el horror de la mano de Ana Patricia.

Con el característico sello de Carlos Enrique, donde el terror no es sinónimo de monstruos y fenómenos paranormales descarados, Veneno para las hadas nos cuenta la historia de Verónica (Ana Patricia Rojo) una niña que siguiendo el hilo conductor que  Taboada deja implícito para nosotros, es una sociópata potencial, aunado a que su cocinera alimenta su imaginación con historias de hadas y brujas, que terminan fascinando a Verónica.

Acto siguiente, Taboada nos presenta a Flavia (Elsa María Gutiérrez) el personaje que acompañará a Verónica en sus aventuras, Flavia y Verónica son como el agua y el aceite, totalmente opuestas, sin embargo, conforme al desarrollo de la historia nos daremos cuenta que comienzan a crear una relación casi simbiótica basada principalmente en los relatos de la cocinera de Verónica sobre espantos y mujeres con poderes mágicos.

Verónica, en su carácter de superioridad y egolatría, intenta convencer a Flavia de que ella es una bruja, buscando asustarla para lograr manipular sus acciones a su antojo, sin embargo, como una mala broma del destino, las bizarras imágenes que pone Verónica en la cabeza de Flavia, comienzan a suceder ¿coincidencia o poder real?

Taboada no estaba preocupado por crear una cinta "apta para toda la familia" por lo que a los pocos minutos de que comienza, empezamos a ser testigos de temas como la muerte, la manipulación y el miedo, teniendo como giro de tuerca que nuestro villano no es un asesino que ha salido de prisión y busca victimas en las calles oscuras, sino, utilizando y retorciendo la imagen de pureza e inocencia de un niño.

La manera en que Taboada relata la evidente sociopatía de Verónica y sus terribles consecuencias a través del factor paranormal implícito resulta fascinante, logra incomodar a la audiencia viendo a una pequeña comportándose como una adulta desequilibrada, asegurando que es una bruja y que tiene poderes para manejar la vida de su amiga/victima como le plazca.

Cuando Flavia está completamente en las manos de Verónica, esta lleva a la tenebrosa niña a la casa de campo de sus padres y es en este momento donde Carlos Enrique pone toda la carne al asador , dando una clase magistral de como hacer cine de horror tomando una alternativa totalmente diferente a crear una historia donde el objeto de temor sea un fantasma, una aparición de ultratumba o una asesino como en los populares Slashers de EE.UU, Taboada elige el escenario  mas aterrador y complejo, la mente humana...

Por fin llegamos al clímax de la cinta, y el momento que le da el nombre a la obra,  Verónica y Flavia van a crear un veneno para las hadas, con ingredientes claramente rescatados de cualquier mito donde se hable de la forma de trabajo de las brujas, y es en este mismo momento donde hay otro giro implícito en la historia, debido a la ultima acción de Verónica, Flavia deja de lado su influencia y decide liberarse del trance de esta bizarra amistad.

Llega el momento el que somos testigos de las fatales consecuencias de una clara inestabilidad mental alimentada por ficción y una imperiosa necesidad de pertenecer, será debido a su creación, que Verónica encontrará su final en el granero de la familia de Flavia, y Taboada nos da ese exquisito balance entre el horror y el suspenso, lanzándonos una gran bocanada retorcidas imágenes de una niña en llamas, pero manteniendo la idea de la supuesta personalidad real de la misma.

Vemos a una Flavia decidida a dejar que su compañera y victimaria arda junto con el granero y lo único que piensa el espectador es "¡arde, bruja, arde!" por el martirio que pudo causar una niña pequeña. Veneno para las hadas es esa joya de la corona de Carlos Enrique Taboada, con trabajos como Hasta el viento tiene miedo o Mas negro que la noche, el director mexicano logra consagrar su legado, experimentando con una nueva vertiente del cine de horror, los niños.

Pueden ver la cinta aqui: